01 diciembre 2013

"El ayudante de dirección es el puto amo" (con Daniel Sánchez Arévalo)

Las tazas de Dani
(vía @sanchezarevalo)
Daniel Sánchez Arévalo no necesita presentación, pero yo os la voy a hacer: es el director de ‘Azuloscurocasinegro’, ‘Gordos’, ‘Primos’, ‘La Gran Familia Española’, y de un porrón de cortos que no han hecho más que cosechar premios muy merecidos. Y además es un tipo tranquilo, cercano y encantador, que se ríe de la vida y toma infusiones en tazas decoradas con sus pelis. Claro que sí, como tiene que ser.

Y además de todo eso, Dani cuenta con un equipo de dirección a sus espaldas que es, según David Casas, el mejor ejemplo a seguir en nuestra profesión. Y por eso yo le he preguntado directamente a él, qué es lo que más valora de la figura del ayudante: “Pues sobre todo que te descarga mucho de la presión. El ayudante de dirección en un rodaje es el puto amo, es el jefe de verdad, el que marca los tiempos, el que dice qué hay que hacer, cuándo y porqué. Por eso en mi relación con Antxon, él coge el timón. Coge el timón respetando, sabe qué es lo importante para mí y se asegura de que yo tenga tiempo para eso: trabajar con los actores, o lo que sea. Coge el peso del rodaje y se lo carga a sus espaldas; siendo a veces también el malo de la película, porque es el que tiene que presionar a la gente.

Se lo piensa un poco, sonríe y añade: “A veces es como si yo fuera el mafioso, que estoy aquí en mi butaca, pero... él controla. Él puede hacer que todo esto sea un infierno o un buen paseo. En definitiva: en el ayudante valoro que sea muy firme, pero que a la vez tenga un carácter parecido al mío, que es… calmado”.

Charlamos sobre el tándem que se crea entre los equipos de dirección y producción, intentando controlar lo más posible entre ambos. Y nos reímos con impotencia sobre cómo ese ‘control’ es bastante ilusorio, porque sí, yo planifico sabiendo que el suelo de éste set cruje, pero no contando con que a la prota le vaya a dar una bajada de tensión que paralice el rodaje (y esas cosas también pasan).

Dani me cuenta que para él, el miedo a la interrupción de rodaje es algo que en cierto modo siempre está ahí, antes y después de rodar: “En La gran familia española, justo el primer día que estábamos en la boda con todo el mundo ahí, ciento y pico invitados y bastante caos, se levantó un viento descomunal y empezó a dar miedo. Estábamos en San Agustín de Guadalix, y de repente una señora empezó a gritar ‘¡Fuego!, ¡fuegoooo!’, nos asomamos y vimos que un bosque estaba ardiendo… Y el viento venía hacia nosotros, el fuego estaba a 200 metros. A mí ahí la sangre se me bajó a los pies. En ese momento estaba pensando: ‘esta peli no se va a hacer. Éste incendio va a arrasar con la finca, y ya está, se va a parar la película, no se va a poder hacer’.


Parte del equipo descansa en la localización
que casi arde en LGFE (vía @sanchezarevalo)

Algunos se piraron directamente. Incluso gente iba al ayudante en plan: ‘Antxon, tenemos que irnos de aquí ya, yo tengo que sacar los camiones…’. Cundió el pánico, pero Antxon mantuvo la calma, mientras los de producción llamaban a los bomberos, a la guardia civil, a todo. Y a los cinco minutos nos informaron de que estaba controlado, y que si iba a más nos avisaban con tiempo. Hubo suerte y se quedó en un susto, pero te das cuenta de que es todo tan, tan frágil… no lo que nosotros controlamos, sino hasta la naturaleza.”

Coincido totalmente con él en que todo es muy complicado (y en que ole los huevos de Antxon y el equipazo de producción), pero también le hablo de las dificultades de rodaje que no trae el viento, sino nosotros mismos. Por ejemplo, esa adorable costumbre que ha cogido él desde ‘Primos’, de que siempre haya animales y niños en sus pelis. Que llenan la peli de magia, sí, pero que pobre equipo. Dani asiente y me dice: “Pues mira, a mí rodar con niños, no me gusta. Me encantan, pero no me siento a gusto para trabajar tal y como a mí me apetece, que tiene mucho que ver con la psicología de los personajes, el origen de sus miedos, los matices… Y los niños, pues es que son niños. Hay que trabajar a otro nivel de comunicación. En ‘La gran familia española’ de hecho vuelve a haber niños, que son adorables y yo creo que lo han hecho muy bien, pero lo sufro más.

Y los perros son un coñazo. Curiosamente en esta última peli hay un perro, pero es que estaba en la casa en la que rodamos, y a mí me encantaba porque se parece la ardilla de ‘Ice Age’. Era un perro muy apacible: lo cogías, lo ponías ahí, y se quedaba. Pues mira qué bien. Y no estaba previsto en el guión ¿eh?, pero yo lo veo y digo, ‘pues voy a sacarlo’.”

Rodando con niños (de los majos) en LGFE (vía @sanchezarevalo)

Lo de que rodar con perros y niños es (casi siempre) un coñazo lo sabe hasta mi abuela porque Hitchcock lo dijo muy alto, pero nadie sabe hasta qué punto lo es, hasta que lo hace él mismo. Y eso, y sobre todo cómo manejarlo, es algo que no se aprende en aula, sino en el set: La práctica es lo que te da tablas. Yo me fui a EEUU con una beca Fullbright, a estudiar en Columbia. Me daban clase profesores que tienen Óscars en su casa, y venía gente como Milos Forman y guionistas de Coppola. Y como realmente aprendes no es así. Tú vas allí pensando: ‘Me van a enseñar a hacer CINE’. Y es mentira, nadie te enseña. Cine sólo aprendes haciéndolo. En cualquier caso, lo bueno que tienen las escuelas es que te rodeas de gente que tiene tus mismas inquietudes. Eso fue lo mejor, todos ayudábamos a todos”.

Al hilo de esto le cuento que yo estudié Comunicación Audiovisual y efectivamente, allí conocí a gente con la que ahora curro. Pero antes de entrar en la carrera, ya había empezado a rodar y mi primer puesto fue el de script. Dani sonríe mucho y me dice que él cree que “el trabajo de script hay que revisarlo, porque el lenguaje cinematográfico ha cambiado mucho. Ahora mismo no hay que tener a alguien que me diga ‘- Oye Dani, ¿sabes que te estás saltando el eje? - Sí, y me gusta’ (ríe). Ya no hace falta ser tan riguroso con el raccord, yo no quiero que el actor tenga que estar pendiente de todo, porque para mí pierde algo. Que luego en montaje muchas veces me cago en la puta, pero lo prefiero. Y de ayudante de dirección que estás ahora es curioso, pero conozco pocas chicas. Yo siempre prefiero trabajar con mujeres, porque creo que sois mucho más ordenadas en la cabeza. Sois más diligentes, los tíos somos más caóticos.”

Ahora soy yo quien le sonríe mucho a él y un rato después me despido, con ganas de volver a coincidir pronto, y de rodar. De rodarlo TODO

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